Irresponsables.
Mas allá de Mazón.
Prólogo.
Hace ya poco más de un año de las inundaciones mortales que dejaron 229 víctimas mortales, mayormente en Valencia, pero algunas en Castilla La Mancha y Andalucía.
Prometí en su momento escribir sobre este tema, pero “hacerlo en caliente” no suele ser una buena idea. Sin embargo, el aniversario me ha proporcionado el momento por partida doble.
La primera razón, pues, es obviamente el propio aniversario. La segunda, un artículo a santo precisamente de dicho aniversario, y que, de forma mucho más directa e informativa, precisamente aborda el asunto por dónde me parece a mí que hay que abordarlo.
Hay una razón del subtítulo de “más allá de Mazón”.
Espero que se atragante a muchos lo que tengo que explicar.
Lo obvio.
Inundaciones masivas desde primeras horas de la tarde, fuera de la propia Comunidad Calenciana causaron ya las primeras muertes en Castilla La Mancha. Viendo como iba la cosa, era obvio que aguas abajo la cosa iba a ser mucho peor de lo que estaba siendo en la meseta sur.
Debo explicar que de joven viví “el día después” de unas inundaciones (una torrentada lo llamábamos, antes de que le casposo personaje de cine robase el término). Digo el día después porque el día de autos estaba yo fuera y lejos la localidad en que nací y me crie, que estaba en la zona afectada.
Esos hechos causaron la muerte de tres trabajadores de un hotel que aún está en la cuenca del torrente en Porto Colom. La zona era relativamente extensa (desde Porto Colom hasta Cala Millor, Felanitx a Sant Llorenç.
En 2013 hubo otra situación similar en Sant Llorenç d’es Cardassar, mucho peor y más dañina.
Esa que viví yo en 1989, fue causada por lluvias torrenciales que dejaron un máximo de 320 l/m2 en menos de dos horas. Me acuerdo de cómo iba en un coche como a las 6:00 de la mañana y estaba lloviendo a cántaros, con el conductor ya avisando que como eso durase más de una hora, que íbamos a beber agua por narices.
Y así fue.
Sin embargo, cierto observatorio meteorológico en Castilla La Mancha, dónde empezaron las lluvias de la DANA, la cuenca que recoge el agua que luego se embarranca en el torrente del Poio y aledaños, parece que registró ya más de 600 l/m2 en la primera hora, pero no funcionó durante la segunda en el que la lluvia fue todavía peor.
Si con la mitad del total de precipitaciones (probablemente mucho menos), y en una zona menos abrupta y más pequeña como era la parte del levante mallorquín, ya hubo torrentadas enormes, pues la cosa tenía que ser peor con tanta agua en una cuenca mayor y más abrupta.
Dicho de otra forma: eso no hay quien lo pare. Se puede paliar, se podría haber reducido el número de víctimas. Se puede y se debe prevenir que la población esté en lugares peligrosos cuando esto ocurre, pero las pérdidas materiales, en esa situación, son inevitables.
Lo que nos lleva al primer elemento de todo esto.
No consigo entender de ninguna manera cómo Mazón ha estado tanto tiempo ahí. Debe usar el mismo Pegamento para Escaños PX que usa el Sánchez, que es lo más duro que he visto nunca. Porque es la única razón.
Ese debería haber dejado el cargo hace mucho mucho tiempo.
Y debería sentarse en el banquillo. Un empleado público está para servir al público, no para servirse del público (y la pública). Aunque no sabemos qué estaba haciendo en los peores momentos (seguro que muchos nos imaginamos muchas cosas), nada excusa que no estuviese por lo que tenía que estar.
Ni él ni el resto de “súbditos”, tanto de la propia Generalitat Valenciana como de instituciones no tan “súbditas” (más de una más bien todo lo contrario) estuvieron a la altura. Y tengo claro que hubo bastante politiqueo e intereses en “no ayudar” (“si quieren ayuda, que la pidan”, como dijo el Caradura Máximus, otro que debería estar en el banquillo), aunque creo que eso es pecata minuta en comparación con la razón última de por qué no se hizo prácticamente nada por parte de nadie.
Simple incompetencia.
Pero, sobre todo, irresponsabilidad.
Por parte de todos.
Porque es evidente que el Mazón debe ir al banquillo en lo que yo entiendo que es un caso claro y evidente de “homicidio imprudente”. Claro que mis conocimientos legales por lo penal no son tan grandes como para afinar el delito que creo que aplica.
En todo caso, es muy evidente que la responsabilidad civil subsidiaria (y aquí el término es legal) es algo “escurridizo”.
Y es aquí dónde viene lo de “más allá de Mazón”.
Ilógica.
Porque no es el único ni el primero que debería ir al banquillo, y de allí a prisión. No. Hay más, muchos más, y algunos todavía más culpables que el mismo Mazón de lejos. Y de todos los colores políticos.
Porque el problema va a volver a suceder, en mayor o peor grado. Y no sólo en Valencia. Y sin Mazón. Independientemente del color del que ocupe en esos momentos “por accidente”, incidentalmente, la presidencia de la comunidad en que ocurra.
Porque muchas veces, el que está al cargo “simplemente pasaba por ahí” y en realidad le ha tocado la “mala suerte”, le ha caído encima el problema sin quererlo.
Insisto antes de explicar el porqué de esta diatriba, que nada de esto excusa a Mazón. Su deber era proteger a la gente en una situación que le ha sido dada, y avisar de la que se venía encima para que la gente tome precauciones. Movilizar las fuerzas que pueda de forma preventiva, y tomar medidas preventivas del tipo evacuaciones, cierre de colegios, etc.
La responsabilidad civil subsidiaria sigue aplicando, aunque la situación peligrosa no esté en la mano del que manda, en este caso, Mazón. Así que hizo incumplimiento de sus deberes, dejadez de sus funciones, y con resultados mortales. Más que suficiente, en mi pobre y desinformada (judicialmente) opinión.
¿Qué dice el artículo? ¿Por qué me parece relevante?
Bueno, mi padre me explicó en su momento el por qué la torrentada de Manacor hizo tanto daño en un buen puñado de viviendas, entre las cuales yo conocía una.
Luego, debido a dicha torrentada, se tomaron ciertas medidas “preventivas”, como “consecuencias políticas”, y confirmó lo que me explicó mi padre.
Lo que dice el artículo de La Vanguardia, es que en Cataluña hay 868 instalaciones en zonas inundables, mayormente escuelas (187), campings (98), residencias de ancianos (63), hospitales (47) y otras instalaciones. Mayormente públicas. O, como mínimo, sujetas a aprobación específica por parte de las autoridades (el caso de los cámpines).
Hay que recordar el caso de la tragedia de Biescas, una riada en un camping que se llevó por delante 87 personas en 1997, con otras 187 personas heridas.
Aquí hay que hacerse la pregunta más importante de todas.
¿En qué cabeza de chorlito, anormal, estúpido, irresponsable, carcamal, incompetente, peligro para la salud pública, cabe la idea de construir escuelas, residencias de ancianos y hospitales en zonas inundables?
En la población en que vivo hay dos escuelas, una delante de la otra, y justo al lado el parque de bomberos, que están todas encima de la torrentera. Cuando caen cuatro gotas, el patio de los colegios se llena de ratas que huyen del inundado cauce. En no pocos casos, el agua llega hasta arriba, hasta el borde.
“Afortunadamente”, los bomberos no tienen que moverse mucho del lugar para actuar, ya que están casi literalmente dentro del cauce, pegados a uno de los colegios.
Y hablo de estos colegios que están al lado de casa porque he estado mucho por ahí. Pero al otro “extremo” de la localidad, hay más colegios en la misma situación, y creo que hasta un CAP.
Insisto ¿en qué cabeza hueca cabe la idea de montar instalaciones con personas “más vulnerables” en zonas inundables?
Lo de “más vulnerables” viene a santo que los niños (que son los más “fáciles de arreglar”, ya que toda excusa es buena para cerrar el centro escolar), los enfermos y los ancianos no son precisamente el tipo de personas que se puedan poner a nadar, correr, trepar, agarrar, etc.
Así pues, repito la pregunta.
¿A quién se le ocurre montar instalaciones públicas en zonas dónde puede golpear la tragedia?
O no tan públicas, ya que el famoso parking donde los troleros y buleros mentirosos de La Secta dijeron que habría cienes y cienes de muertos, en Paiporta, y dónde, finalmente, afortunadamente, no hubo ni uno, estaba en una zona evidentemente inundable.
El lamentable evento del bulo de la manipuladora cadena La Secta quedó grabado en el imaginario público, sobre todo el interés no sólo de los medios, también de ciertos ambientes putílicos intentando escurrir el bulto y culpar a Iker Jiménez de la mentira.
Porque todo esto en realidad, va de escurrir el bulto. En esquivar la responsabilidad civil subsidiaria de aquellos que dan los permisos de obras. O incluso de aquellos que las promueven.
Porque estos problemas se pueden evitar simplemente construyendo lejos de las zonas inundables. Y si alguien sabe de qué va esto, son precisamente los que montan las leyes de urbanización locales, con sus técnicos y demás.
Ergo, esto es una decisión política, no técnica. En el artículo de La Vanguardia se ve cómo se ha puesto un nivel de riesgo de leve a muy alto, según las posibilidades de afectación. Eso demuestra que hay conocimiento técnico para saber dicha afectación, y, por tanto, para dirimir si es seguro hacer unas instalaciones en ese lugar.
Y, a pesar de estar en zonas graves o muy graves, alguien ha decidido, políticamente, que hay que hacer esas obras e instalaciones a pesar del peligro que eso conlleva para la población y/o para la gente que pueda estar en estas instalaciones en los momentos críticos.
Por tanto ¿Qué hace que los políticos que aprueban y promueven estas obras, no den ninguna importancia al hecho de que sean zonas inundables?
Escurriendo el bulto.
La respuesta es simple: impunidad.
Los políticos se han montado la ley para evitar la responsabilidad, su responsabilidad, civil subsidiaria. Declaran la zona inundable, ergo quienes tengan la gestión de la instalación ya se las apañarán para tomar las medidas pertinentes, no los que toman las decisiones.
Se quitan la culpabilidad de encima. Se sacuden las consecuencias de sus decisiones. No se responsabilizan de ellas. Le pasan la responsabilidad a sus subordinados.
Total, lo más probable es que cuando ocurra la desgracia, otro esté al cargo y las consecuencias políticas las sufra el Mazón de turno en lugar del politicuchóptero que permitió e incentivó la construcción de obras públicas en zonas peligrosas.
Es decir, se escurren de la responsabilidad de obras de las que son responsables y se acreditan todos los méritos posibles por su ejecución el día de la inauguración, que, casualmente, suele ser próxima a las campañas electorales siguientes. Sólo asumen la responsabilidad sobre sus decisiones cuando las inauguran y pueden sacar rédito político. De lo positivo.
Pero a la hora de los problemas surgidos por la incompetencia y la irresponsabilidad política, les cae el problema a otros.
Ya se encargan ellos mismos de hacer leyes para que dicha responsabilidad caiga sobre otras personas (los responsables de Prevención de Riesgos Laborales, subalternos, por poner un ejemplo), y que se diluya (repartiendo las responsabilidades entre varias instituciones, como la Confederación Hidrográfica de turno, Protección Civil, previsiones meteorológicas como la AEMET, departamentos comarcales, locales, regionales, provinciales o estatales, presidentes, alcaldes, la UME, etc.).
Es decir, la ley está para escurrir el bulto.
Y al que le toque lidiar con el problema, que apechugue porque será el cabeza de turco de turno.
Lo que les va de perlas a todos los culpables del desaguisado: hay un “pobre desgraciado” al que “le ha tocado”, sobre el cual echan las culpas de todo, lo utilizan para canalizar las iras de las irresponsabilidades de los otros culpables (he dicho otros, ya que resulta evidente que la inacción de Mazón es delictiva, pero eso no exime de responsabilidad al resto, que hacen lo posible para escurrirse), y así se libran de las consecuencias de sus malas decisiones.
Lo que se llama un cabeza de turco.
Si el Mazón no hubiese preferido la compañía de una periodista a hacer frente a sus obligaciones para con el pueblo al que en teoría servía (no hay ni un solo político que se crea eso, aviso, y su afiliación partitocrática es totalmente irrelevante), seguro que la cifra de fallecidos hubiese sido mucho más baja, pero estoy seguro de que no hubiese sido nula.
Las muertes en Castilla La Mancha, por ejemplo, no han servido para echar al presidente de esa comunidad autónoma.
De la misma forma que otras riadas e inundaciones con víctimas mortales la mayoría de los políticos han salido más o menos indemnes.
Y los auténticos responsables, en muchos casos, quedan impunes y totalmente anónimos.
Así que ya les va bien a todos los políticos que el Mazón haga de chivo expiatorio de los pecados de otros (insisto: él solito ya se ha ganado la condena). De hecho, a raíz de la situación igual hasta buscan alguna forma de modificar la ley para tener todavía más inmunidad y poder blindarse todavía más.
Es decir, sentar a Mazón en el banquillo no hará que la irresponsabilidad de los otros se arregle. En todo caso, incentivará que se busquen más maneras de esquivar las responsabilidades.
Esto sólo se arregla sentando en el banquillo a todos los que dieron permiso para construir en zonas inundables. Y también a aquellos que en su momento no tomaron las medidas oportunas para evitar estas desgracias (insisto: 600 litros por metro cuadrado en una hora se va a llevar muchas cosas por delante, eso no hay quien lo pare), como la presa de Cheste, que pagaba la UE pero que no se hizo por “presiones varias” (y mejor me callo porque aquí hay mucha porquería a repartir).
Uno se pregunta si, con tantos impuestos que nos meten al CO2 y a lo que sea para “luchar contra el cambio climático”, por qué no se hacen obras para prevenir esos efectos con ese dinero.
No todos los males vienen por hacer mal las cosas (como hacer hospitales o colegios en torrenteras). También están las faltas por omisión del deber, que es el caso de Mazón, pero quizás deberíamos preguntar a quién se le ocurrió no hacer una presa que encima estaba pagada por la UE (Sra. Ribera, eso va por Ud.).
O eso de “si quieren ayuda, que la pidan”. Más Caradura no se puede ser.
Por tanto, insisto: esto sólo se arregla sentando en el banquillo y encerrando en la cárcel a todos los que han firmado permisos de obras en zonas inundables.
Si se da ejemplaridad y se exige responsabilidades a todos los responsables, entonces hay más posibilidades de que nuestros servidores púbicos hagan mejor las cosas y se miren más qué hacen y qué no.
Ojo, la gran mayoría de esos ediles y políticos responsables igual ya no están con nosotros, porque muchas de esas obras son de hace décadas, muchas.
Otro paso más allá.
Si habéis prestado atención, todas mis críticas en las dos secciones anteriores se centraban en obras públicas, donde toda la responsabilidad recae en los políticos que han decidido construir en zonas en las que NO se debería construir nada.
Pero ¿y las viviendas dentro de torrenteras?
Si, hace falta permiso de obras y que alguien delimite la zona como urbanizable, obviamente. Es decir, obviamente los políticos encargados de definir los planes generales de ordenación urbanística, los “celebrados” PGOU’s, deberían no declarar urbanizables zonas inundables o con riesgos de inundación.
Pero lo hacen.
Sin embargo, ahí es dónde la legislación les va que ni al pelo.
Definen una zona inundable como urbanizable, ponen en algún lugar, con letra pequeña o muy pequeña, que es una zona inundable y que queda declarada como tal, y le pasan la responsabilidad a la persona que construye, ya que “ellos han informado”.
Ahí empieza a haber choques entre “la libertad de construcción” (que es algo que ya de por sí limita directamente el PGOU, con lo que la libertad queda coartada) y la prohibición directa, de la que, generalmente, no suelo ser muy partidario.
Pero echar las culpas de todo al político, en estos casos, no basta. Ya que, hasta dónde yo sé, quien se compra una vivienda tiene que ser mayor de edad, o sea, responsable. Esa escapatoria tiene mucho sentido, porque es real, aunque en mi opinión, no exime de responsabilidad a los políticos: demuestra su mala intención, que no es lo mismo, la de zafarse de sus propias responsabilidades.
Como mayores de edad, somos responsables de nuestras propias decisiones, igual que los políticos lo son de las suyas. Y es responsabilidad nuestra el vigilar que no compramos una vivienda en una zona inundable, claramente declarada como tal, precisamente con esta intención.
Claro que hacen falta unas gafas potentes, por no decir una lupa o un microscopio electrónico para encontrar la definición de zona inundable de la vivienda en la letra minúscula con que se suele escribir. Pero no hace falta mucha inteligencia para ver que una zona puede ser peligrosa de cara a inundaciones.
De hecho, las zonas inundables suelen ser más baratas porque aquellos que nos miramos estos temas (que no somos tantos, pero aún así, se nota) evitamos estas localizaciones. Hay menos demanda. Y esa es una razón tremenda detrás de una buena parte de la dinámica subyacente.
No sólo eso. Uno puede comprarse o construirse una casa en un sitio alejado de una zona indudable, para, a posteriori, encontrarse con que viene un político a construir una autopista o unas vías de tren que hacen de “presa”, restringen el paso del agua aguas abajo, creando zonas inundables aguas arriba dónde antes no había ese problema.
La suma de ambas dinámicas (y la respuesta posterior del desvío del torrente) forma parte de la problemática de la torrentada de Manacor. Incluye la especulación. Y hasta una cierta forma de (neo)maltusianismo.
Cito las vías del tren y las autopistas porque es un problema de sobras conocido en varias zonas en Cataluña, y que, encima, parece ser que las obras que incentivaba el Mazón eran probablemente más de estas “presas” “involuntarias”.
Todo esto destapa una dinámica mucho más compleja, y dónde el tema de responsabilidades queda mucho más diluido.
Con el tema del Covid aprendí que a una madre cuyo hijo tuvo que ser hospitalizado por los efectos secundarios de la vacuna, le resultaba imposible asumir que el problema había sido culpa de ella misma (el padre se oponía), y la única salida a la enorme presión de la culpabilidad de ver a un hijo cuya vida peligra por una decisión materna, es echar las culpas a los demás (que en jerga psicológica se denomina “desplazamiento”) y acusar al doctor de “antivacunas”.
Aquí, irresponsables hay muchos.
Ante esto, hay que preguntarse ¿por qué construimos dónde construimos? ¿Por qué la mitad de la población española vive en la costa? ¿Por qué hay mucha más densidad de edificios en zonas llanas, marismas, cauces de ríos y demás? ¿Por qué los cascos viejos de muchas poblaciones están en la parte de arriba de colinas y promontorios? ¿Por qué esta tendencia a construir no muy lejos de los cauces (pero en zonas elevadas) y a una cierta distancia de la costa (muchas ciudades costeras tienen sus centros urbanos a unos cientos de metros de la playa, no directamente en la misma)?
Pero ese melonazo, que lo tiene todo que ver con la energía, los recursos naturales, y la densidad de población, tendrá que esperar.
De momento, sin embargo, debemos asumir las responsabilidades de los votantes de consentir tener unos políticos como los que tenemos. De eso irá una próxima entrada al respecto de esta problemática.
Desde aquí, mi más sentido pésame a todos los familiares de víctimas de la DANA.
Beamspot.




Yo rescataría y homenajearía un título para este post y otros que, lamentablemente , vendrán en el futuro: “Crónica de una muerte anunciada”. Gracias
Totalmente de acuerdo contigo.
Sin disculpar a Mazon, que considero más incompetente que perverso, hay que perseguir a los verdaderos culpables.
¿Cómo se puede permitir que la gente construya viviendas en una conocida zona volcánica? (Volcán de La Palma)
¿Cómo pueden permitir construirlas encima de un acantilado que sabemos que va comiéndose el mar?
¿Cómo podemos dejar construirlas encima de una torrentera? (ver las inundaciones en Tenerife)
¿Cómo podemos dejar construir justo en la orilla del mar? (en alguna se puede pescar por la ventana)
¿Cómo podemos dejar construir en una zona que sabemos inundable?
No entiendo como pueden no tener responsabilidad los que aprobaron el plan urbanístico, los que dieron la licencia de construcción, los promotores, etc...